Su amor no era baladí aunque lo entregara a cambio de nada. ¡Qué manos tienes preciosa! Y cuando te ríes crecen mis sueños. Como me gusta verte contenta, y que me eligieras a mí aunque el amor sea ciego. Para toda la vida, parece mentira y yo sé que no eres la más buena ni la más guapa, pero así lo siento tantas veces. Y ahora dime, ¿quién soy para tí? ¿el poeta, el músico, aquel que te necesita? Y tú mi musa, mi amor, mi secreto. Sin musas ni habría poesía ni amor. Sin ilusiones y sueños tampoco. Y esta mañana desperté contigo, y esta tarde paseamos juntos, y a la noche me espera el mundo contigo, ya solos. ¿Quieres que te diga la verdad? ¡El amor es la casualidad más grande de esta vida! ¡Mi Viento, mi sentimiento! Os amo…
Jaime Garzón Rivero
V
Jaime Garzón Rivero
U
Una Vida Maravillosa
¿Tienes planes, jovencito? ¿Irás de viaje, te echarás novia, irás a la universidad? ¿No serás un Don Juan, cada día con una? ¿Y el dinero? ¿Trabajarás mucho o te harás artista o rico? Bien jovencito, de vez en cuando ve pensando un poco qué harás en la vida, para hacerte a la idea de que no siempre serás niño y conocerte a ti mismo por los sueños que tengas. Que crecerás y te harás mayor y conocerás gente y lugares del mundo. Yo solo quiero preguntarte una cosa más… ¿Quieres ser alguien en la vida? Quizá, ¿verdad? Aprovecha tu tiempo, no seas tonto y mira por el bien, serás más feliz. Si pudiera hacer por tí… pero cada uno tiene su vida. Adiós jovencito. Las cosas pueden ser maravillosas…
Jaime Garzón Rivero
A
Arkangélica
Encontré el Evangelio de Arkangélica. Entre el Misterio rocé su Leyenda. Naufragaba y lloraba la Tierra. Fueron mil años y nadie se acuerda. Dijeron en tu nombre, Arkangélica. El Romance, que no tuvo Eternidad. Una noche que perdimos en tus brazos. Me quieres tanto que me quieres matar. La vida en un suspiro, Arkangélica. Más pesa el humo que escuchar la verdad. Me haces daño, a sabiendas, y me adoras, Y no entiendes, como soy, en realidad. Te reniego, mi querida Arkangélica. Tú que me enseñaste a llorar. En la mar se han perdido tantos hombres, Y en tus brazos los quisiste cuidar. Vete, mi pequeña Arkangélica. Déjame, mi querida Arkangélica. Largo, maldita Arkangélica. O déjame marchar… O déjame marchar… Arkangélica…
Jaime Garzón Rivero
E
Ella rezaba
Ella le rezaba a la Virgen de la Soledad esperando un hombre bueno para casarse y tener hijos. Ella era jovencita a sus 19 años. Era humilde, su familia no tenía muchos posibles. Era la mayor de tres hermanos, dos varones y ella la hembra. Salía el sábado y el domingo a dar una vuelta por la Plaza quedando con amigas y demás conocidos. Se arreglaba un poquito sin destacar demasiado, a ver si algún mozo se fijaba en ella. Corazón tan grande no lo habrá jamás y tenía unas manos y unas fuerzas para el trabajo que más quisieran los demás. Ella esperaba un hombre bueno…