P

Princesa Prometida

Te amaré mejor con los años,
como a mi princesa prometida,
como a la mujer que quise
y quiso amarme,
como se quieren los lobos,
con sangre y para toda la vida.
Como Ángel a su Angélica,
como caballero a su dama,
como se quiere a un campo,
como se quiere a la tierra,
mejor todavía.
Te querré aunque me queme el fuego,
aunque sea inmensa la duda,
aunque haya pesar en tus ojos,
porque sé que eres buena
y adrede no me fallarías.
Con alegría te amaré,
con pasión y gloria
para que seamos felices,
y no me olvidaré de tus besos y abrazos,
de todo lo que haces por mí.
Te amaré todos los días
incluso cuando ya me haya ido ¡desde el cielo!
¡Te amo!

Jaime Garzón Rivero

E

El Ángel Caído

Él estaba maldito.
Andaba siempre solo.
Se lo veía pasear por las calles
en la noche
y era bello y alto,
esculpido por la justicia.
La gente se sorprendía de verlo
pero el hechizo de la soledad
era más fuerte que la fraternidad
o el ser amigo.
Se miró al espejo
y tocó con su mano el cristal
como para acercarse así mismo.
Nadie lo quería,
y era elegante y con garbo.
¿Cómo pudo este ser sobrevivir tan solo?
Decían que era un Ángel Caído,
soberano de su vida
y su soledad.
Nadie lo echará de menos cuando muera,
nadie se acordará de él,
se perderá en la historia y el recuerdo.
Él era bello y estaba solo.
Miró una noche la luna
y alargó la mano hacia el cielo
como para acercarse.
Nadie lo quería.
El Ángel Caído…

Jaime Garzón Rivero

H

Hijos del Señor

Más allá de la entraña del mundo
dilucidé el Bien y el Mal,
la lucha infinita,
y ví el Cielo y el Infierno.
Ángeles volaban entorno a una luz
y Demonios se lamían en el Averno.
Entender que la Creación era obra
de Dios y del Demonio,
que es una Partida que dura milenios,
y que todos llevamos a cabo
en nuestras vidas.
Los aptos van con el Señor,
los malos, al sufrimiento.
Así dejamos esta existencia.
Nada más importa
que el peso de tu corazón
en la balanza de la Justicia.
Y haz en vida hasta que te lleve la muerte.
Y piensa en Jesús y María
para que tu empresa sea el Bien
y no tengas indiferencia
contra el Mal.
Hijo eres del Señor.
No lo defraudes.

Jaime Garzón Rivero