La Lucha (Poema)

La Lucha

Un gramo de fé,
una oración,
pasos en el abismo,
la esperanza de quien nada espera,
los ojos de la mitad de un corazón,
el aullido del silencio,
la bondad en los puños,
la sangre corriendo por mis venas,
la luz mortecina de la democracia,
los vagos que se hacen fuertes,
las ostias que me quedan por pegar,
los yonkis pidiendo dinero,
el trabajo, el esfuerzo, la voluntad,
la gentuza que tiene derecho
y no obligación,
la falta de educación,
las banderas, los himnos, los estandartes,
la vergüenza de ser un ciudadano en esta situación,
la lucha de cada día,
¡que se crean con derecho a mirarme!
¡Que insulto!
Tengan cuidado…

Jaime Garzón Rivero

El Desierto (Poema)

El Desierto

Desierto…
La arena del tiempo.
Entre el cielo y la tierra
un sol pendenciero.
No buscas nada,
no vas a vivir allí,
solo imaginarlo.
El viento, la noche,
las lunas, las estrellas.
Y miente el espejismo
y en los ojos la inmensidad
como contar granos de arena.
El oro de los dioses
allí derretido,
y te siguen tus propias huellas
entre el suelo inmaculado.
Mañana ya no estarán.
Ha sido obra del tiempo
que pasa sin cesar.
Grano a grano,
duna a duna,
el desierto.

Jaime Garzón Rivero

Para qué más Palabras (Poema)

Para qué más Palabras

¿Se es más grande por ser más fuerte?
¿Se es más fuerte por casualidad?
¿La casualidad es trabajo y sacrificio?
¿Es el trabajo dedicarse a luchar por la vida?
¿Es la vida un desafío?
¿Son los desafíos bendiciones de los Dioses?
¿Son Dioses los que han trabajado?
¿Los que han trabajado son buenos?
¿Ser bueno es sinónimo de éxito?
¿El éxito te hace preciado?
¿Preciado es aquel que resuelve?
¿El que resuelve «vale»?
¿Es valer ganarse la vida?
¿Y ganarse el Cielo?
Ya está, para qué más palabras.

Jaime Garzón Rivero

Las Confesiones de Odiseo (Poema)

Las confesiones de Odiseo

Tengo guardada memoria
de otro tiempo,
tengo perdida la esperanza de otros días,
tengo imaginada mi vida perfecta.
Nadie dice la verdad que quiero,
nadie me hace favores,
soy yo contra el mundo
que es mentira.
Soy un náufrago estelar
que aterricé en esta Tierra maldita.
Solo sé mi nombre,
me cambio por los humildes
yo que lo tengo todo.
Si no hubiera el amor que no conozco
estaría muerto.
Hoy me confieso como puedo,
sin comprometer mi secreto
y echarlo a los miserables.
Que sean bonitas mis mentiras,
que los harenes de princesas heridas
y sonetos perfectos
aguanten un «te quiero» sin mí,
que llore Arkangélica
por el daño que me ha hecho,
que Odiseo sea feliz algún día
con ella,
que la paz llegue a los malvados y desaparezcan.
Yo alfa,
yo omega,
yo sapiens…
he hablado.

Jaime Garzón Rivero