Pequeños Infiernos
Rodeado de diablillos.
A ver quién hace menos.
Travestidos por el mundo
como si fueran uno cualquiera.
Y son viciosos en la oscuridad
cuando nadie los ve.
Salen a escusear y enterarse.
Su misión es degradar el mundo.
Muchos te saludan,
se creen que te conocen
con su cuartada
de la casualidad y «que pasaba por aquí».
Son los engendros del Mal,
pobres criaturas sin amor,
que subsisten gracias a la caridad.
En un lugar donde las paguitas
y la vagueza son la norma general.
Nadie hace nada.
Y se cometen crímenes
y van a la cárcel
pero parece que nadie se entera.
Más ayudita
que un pobre diablo o diabla.
Tanta ayudita desde Cristo
no es para Cristianos.
Jaime Garzón Rivero