Encontré el Evangelio de Arkangélica. Entre el Misterio rocé su Leyenda. Naufragaba y lloraba la Tierra. Fueron mil años y nadie se acuerda. Dijeron en tu nombre, Arkangélica. El Romance, que no tuvo Eternidad. Una noche que perdimos en tus brazos. Me quieres tanto que me quieres matar. La vida en un suspiro, Arkangélica. Más pesa el humo que escuchar la verdad. Me haces daño, a sabiendas, y me adoras, Y no entiendes, como soy, en realidad. Te reniego, mi querida Arkangélica. Tú que me enseñaste a llorar. En la mar se han perdido tantos hombres, Y en tus brazos los quisiste cuidar. Vete, mi pequeña Arkangélica. Déjame, mi querida Arkangélica. Largo, maldita Arkangélica. O déjame marchar… O déjame marchar… Arkangélica…
Jaime Garzón Rivero
E
Ella rezaba
Ella le rezaba a la Virgen de la Soledad esperando un hombre bueno para casarse y tener hijos. Ella era jovencita a sus 19 años. Era humilde, su familia no tenía muchos posibles. Era la mayor de tres hermanos, dos varones y ella la hembra. Salía el sábado y el domingo a dar una vuelta por la Plaza quedando con amigas y demás conocidos. Se arreglaba un poquito sin destacar demasiado, a ver si algún mozo se fijaba en ella. Corazón tan grande no lo habrá jamás y tenía unas manos y unas fuerzas para el trabajo que más quisieran los demás. Ella esperaba un hombre bueno…
Jaime Garzón Rivero
C
Jaime Garzón Rivero
I
Insomnia
¿Recuerdas la noche? ¿El insomnio, las náuseas, la duda? Respirabas entrecortado dando vueltas en la cama sin encontrar tu sitio. Te preocupaban tantas cosas… Y pensabas en ella, en estar con ella, pero este calor y sin aire acondicionado. Otro cigarrillo y subía la nicotina en sangre. Más insomnio. Creas nuevas ideas, repasas la agenda… Ahora te echas un buen trago de bebidas alcohólicas y con ello se te cierran un poco los ojos. La ventana abierta deja pasar un poco el aire fresco. Mañana te llamarán temprano. Si pudieras dormir al menos 3 horas estaría bien. ¡Bienvenido a Insomnia!
Jaime Garzón Rivero
L
Las Dagas
Las Dagas que no se ven y se esconden en el sendero. La envidia, el odio, la desesperación… Largos trozos de vida, continua pero cambiante. Y el pasado, a veces cruel, trae rencores antiguos. Las Dagas en el camino, la navaja que se clava en el vientre y nos da la muerte. Y los solitarios que se pierden, y los valientes que encuentran líos, y una hambruna, una injusticia, una guerra… Para qué quieres más. Y siempre habrá en contra alguien porque se lucha, se vive, se desea. Las Dagas traicioneras nos esperan a todos, arreglos de familia y de sangre, de sangre por las venas que arde, si te hacen algo o a los tuyos. Ciertamente, a veces, son justicia.