
Jaime Garzón Rivero

Jaime Garzón Rivero

La Musa
Y la musa tocaba despacio
en la sala.
La guitarra…
Sonaba el Capricho Árabe
de Tárrega,
el café sabía a gloria
y la musa tan bella.
«¿Quieres un trozo del Olimpo?»
Es este, música del Cielo.
Esas manos y ese instrumento,
el peinado de la chica
y su vestido.
Guardan silencio
los asistentes
y brilla la chica con su canción.
¿Te puedes enamorar del arte?
Si no te enamoras no tienes corazón.
Unos aplausos sonados,
«¡bravo!, ¡viva!, ¡guapa!»
Todo era poco para esa musa,
para hacerle honor.
«Doña» la llamaban
como si fuera princesa.
Yo desde luego
no iba a dejar la oportunidad
de saludarla
y así fue.
«Merci, merci, señora.»
El sustento de mi alma,
tanta belleza…
Jaime Garzón Rivero

Jaime Garzón Rivero



Jaime Garzón Rivero
El Infortunio
El infortunio,
la desesperación,
la locura…
Nada pasó por mi corazón
que le hiciera mella.
Y ahora solitario
escribo mi crónica.
Subrayo que no me hicieron nada
y a la nada navego.
Otro orador me da esperanza,
otra alma me contempla,
otro corazón
late como el mío.
El ayer era pronto,
el futuro nueva piel
y ahora solo soy
el que escribe.
Poemas, versos, poesía…
No estaré más allá
de su halo.
Ahora que hablo pregunto.
El infortunio es la respuesta.
Jaime Garzón Rivero