Era tan vago que no iba ni por tabaco. Le costaba comer y moverse y tenía bastantes kilos. Le decían «el Decidín» porque era el más flojo del pueblo. Tenía aún familia de la que daba rabia y pena. A sus 30 años hacía menos que un palo en el suelo y los amigos se hartaban de reír por los chistes que tenía. Ahorraba hasta saliva y palabra. Un tío tan parao que no tenía igual en todo el término. Pues también era hijo del Señor, y así, en un pueblo tan religioso, tampoco le hacían gran cosa. «Lo pobrecito que era» salía algunas veces. Y nada allí estaba «Decidín» en la plaza del pueblo cuando un buen día un infarto le dió. Que dió mucha penita a su familia que en el fondo lo quería y sus conocidos. «Ya se fue «Decidín»». Que era también hijo del Señor.
Jaime Garzón Rivero
E
El último Demonio
El último Demonio, susurraba una canción. Entre dientes mascullaba maldiciones. Levantó el viento polvo del camino mientras caminaba frente al ocaso. Nadie lo miraba e iba muy solo. Odiaba el Cielo y a la gente. Hizo el mal hasta que pudo y su sonrisa era irascible y perturbada. Se dirigía a su fin lleno de remordimientos, con la cabeza castigada por la conciencia de tantos crímenes. Allá en su alma se perdió el último Demonio.
Jaime Garzón Rivero
P
Jaime Garzón Rivero
M
Mala Tierra
Tierra de la víbora y el escorpión, tierra de la mala sangre, del traidor y el asesino, de rehenes y cautivos. Tierra del mal y la injusticia, tierra de tiranos y falsos reyes. Tierra del usurpador, del embustero y el malvado. Tierra del crimen y la corrupción, tierra de demonios y calaveras. Tierra del falso dios y del Ángel Negro. Muere tierra maldita, muere y que de tus cenizas nazcan las últimas brasas de tu infierno. ¡Arde maldita!
Jaime Garzón Rivero
C
Cristo el Señor
Alados Ángeles, ¿Quién es mi Señor? ¿Se llama Jesús el Cristo? «Él fue hombre y ahora reina en el Cielo. Fue muerto y resucitado, y alguna vez nos hizo llorar a todos. Es la Cruz su símbolo, los clavos de su Cruz… Hijo del Señor de Señores, el Padre Celestial.» ¿Es vuestro Rey Jesús junto con su Padre? ¿Decidme, Ángeles, lloró alguna vez este hombre? Jesucristo es mi Señor, alabado sea.