Los escritos de los locos, las ilusiones de los cuerdos, las altas paredes de pequeñas calles donde se vende droga. La Gran Ciudad, los niños perdidos, la cordura, la razón, la vagancia… El Tiempo loco, causa de todos los males… Aún llegas justo hasta aquí, a la Casa de los viajeros, a la posada de los olvidados y perdidos, allí donde se llora sin llorar y se pide limosna por Amor. Allí todos reunidos como hermanos de Religión, cómo náufragos bajo un aguacero que no cesa. Esa era la verdad…
Me olvidé la Rosa Blanca un día perdido en un Palacio. La bella, la preciosa, la que me trajo Amor sin espinas. Y quise el Mal de la vanidad, la soberbia, la gran Vida, y ni eso era vida ni Amor lo que me prometía. Fui a por mi Rosa y ya no estaba, la Blanca, la bella, la preciosa… Nunca perdoné a este hombre que soy por dejar mi Rosa, y lo sentiré siempre. Una espina me dejó clavada…
Tengo la pluma del Ángel, tengo la dulce melodía. Así me lo decías… «no seas cruel…» Y miraba un cielo atardecido y buscaba versos para enamorarte. «Don Juan» me decías otra vez y yo quería ser Cyrano por si me salía poesía en francés. De nadie era mi amada, la más bella… Nadie se atrevió ante su bravura. Y sus ojos me perdonaron por mi romanticismo y mis ganas de quererla. ¿Aún sueñas con el poeta de la pluma del Ángel? Aquí te dejo una dedicatoria… «Bondad del Cielo, Arcángel del Amor, luz de estrella, querida amante, luna morena y blanca… ¡Os quiero!»