


Jaime Garzón Rivero



Jaime Garzón Rivero
El Fuego Eterno
El fuego eterno
del corazón de la roca,
la savia del temple,
el que brilla en la oscuridad,
y salva el combate el bardo,
su escudo y su espada,
milenios la sangre de la tierra,
somos hombres
pero siempre
alrededor del fuego.
Ni las llamas del infierno
acaban por consumirlo,
regalo del cielo,
y tus ojos que miran la llama
dicen «fuego».
Otra llama se apaga
y otra nace.
¡La batalla del bien y el mal!
«Y los Ángeles Ígneos cayeron,
profundos truenos se oían
en las costas ardiendo
con los fuegos de oro.»
Jaime Garzón Rivero
Jesús de las Aguas
Pasión y muerte,
Jesús de las Aguas,
que tus manos clavadas
trabajaron una vez la madera,
que tus pies en la Cruz
andaron tantos caminos,
y tus hijos,
aunque nunca vinieron,
somos nosotros,
que nos enseñaste
como el mejor de los padres,
y esa esquina de la Concepción,
tiene tu devoción
cada primavera,
con la Señora de los Dolores,
vuestra Madre,
la más guapa.
Y María también es nuestra Madre,
que ella también nos enseñó.
Mi Cristo de las Aguas
reine tu Espíritu en el Pueblo.
Guadalcanal os quiere.
Jaime Garzón Rivero
Jaime Garzón Rivero


Jaime Garzón Rivero