Mi Amigo Jesús
Es mi amigo
Jesús, el Cristo,
el Señor, el Carpintero,
el Alma del Evangelio.
Es mi ejemplo
y mi norte,
es mi Príncipe y mi Maestro.
Es el que sabe y enseñó,
es el hombre
cuyo símbolo
es la Cruz.
Es Alma y Sombra
de la Historia,
es Hijo del Cielo
y enemigo del Infierno.
Es Justicia y Esperanza,
es sustento y recompensa,
es vida y fuerza,
es sabiduría y nobleza,
es humildad y poderío,
valentía, sapiencia.
El más querido por mí,
mi amigo Jesús.
Jaime Garzón Rivero
Alicia expulsada al País de las Maravillas (Cover)
Jaime Garzón Rivero
El Corazón Malherido (Poema)

El Corazón Malherido
En el pecho
el corazón malherido,
de mi mano la dulce dama,
en mi recuerdo
las noches de ensueño.
Y me duele
el que nos hicieran daño
por brillar sin saber
y que nos vieran
en la felicidad,
por dar envidia.
Y me duele
que ella sea buena
y la traten así las malas lenguas.
¿Y de mí…?
Que sí soy borracho
y pendenciero.
El corazón herido,
¡el corazón malherido!,
que me voy con ella
a otra ciudad,
a otro planeta,
que no se curan aquí las heridas.
Cuando te digan que es estar así
y preguntes
te mostraré mi corazón.
Ella tan buena
y que la traten así…
«Ya nos vamos mi amor.
Vámonos bendita…»
Jaime Garzón Rivero
Corazones que sienten (Poema)
Corazones que sienten
El alma guarda tesoros
en el valle de la oscuridad.
Es luminosa pero invisible.
Cerrando los ojos
descubrirás su mundo
sintiendo la sístole
del corazón.
Y guarda la música del mundo
natural y de las artes.
El artificio del alma
es el edificio
de la personalidad.
Pero calma,
nunca se deja de crecer.
Alimenta bien tu ego
aunque algún día
hayas de perecer.
Solo tú sabrás tu camino,
sola tuya es el alma.
Quizá la entregues
a la amada
y ella te entregue la suya.
Así el misterio
quedará más delimitado
pero no dejará de ser misterio.
Ojos que no ven,
corazones que sienten…
Jaime Garzón Rivero
Reunión en la Plaza (Poema)
Reunión en la Plaza
El más loco sabía la respuesta:
«¿Cuál cosa es la mejor
de la vida?»
El más loco contestó primero
y dijo:
«Esa cosa debe ser el amor.
Así acabé yo loco,
por su falta.»
Y sollozó un poquito
y le abrazaron un poco.
«¿Y lo peor de la vida?»,
también preguntaron,
a lo que un hombre contestó:
«El odio, que envenena el corazón.»
Aquel hombre era príncipe,
y añadió:
«Por eso quiero ser valiente,
para vencer al odio.»
También preguntaron:
«¿Y cómo se arreglan las cosas?»
«Con la amistad», dijo un hombre cojo.
«¿Y quién es el Señor de los Señores?»
«¡Jesús!», dijo un niño,
que era rubito.
Y así acabó la reunión del Señor Juez,
que reunió al pueblo en la plaza,
al que dió muchas gracias
por su presencia
y saber estar.
Jaime Garzón Rivero