Pequeños Infiernos (Poema)

Pequeños Infiernos

Rodeado de diablillos.
A ver quién hace menos.
Travestidos por el mundo
como si fueran uno cualquiera.
Y son viciosos en la oscuridad
cuando nadie los ve.
Salen a escusear y enterarse.
Su misión es degradar el mundo.
Muchos te saludan,
se creen que te conocen
con su cuartada
de la casualidad y «que pasaba por aquí».
Son los engendros del Mal,
pobres criaturas sin amor,
que subsisten gracias a la caridad.
En un lugar donde las paguitas
y la vagueza son la norma general.
Nadie hace nada.
Y se cometen crímenes
y van a la cárcel
pero parece que nadie se entera.
Más ayudita
que un pobre diablo o diabla.
Tanta ayudita desde Cristo
no es para Cristianos.

Jaime Garzón Rivero

El Mesías del Mal (Poema)

El Mesías del Mal

El Mesías del Mal,
hacía como cerdos en una zahúrda,
comer, cagar y mear.
¡Hacía también el cerdo… !
Era valorado por su forma
de quedar en evidencia,
siempre con mucha ayudita,
no se fuera a amargar, (siendo Mesías…)
Lo mejor de todo
era su poca vergüenza
y el creerse que era alguien
por «cagarla» durante tantos
siglos y milenios.
Había matado, violado y vejado mucho,
todo preparado «a huevo»
por sus secuaces.
No había una vida más inútil
que la suya.
Decía que una vez estuvo
con una chavala y todo.
¡Qué campeón!
Parecía salido de la película «Torrente»
con su puta madre y su padre
maricón y borracho.
Un buen ciudadano del infierno.
Dicen que aún sigue vivo
dado a la zoofilia y la pederastia.
Hasta yo le he pegado ostias muchas veces.
Lo mejor de todo que siga vivo,
el Mesías de la calamidad,
escogido para el puesto…

Jaime Garzón Rivero

Más tontos son (Poema)

Más tontos son

Más tontos son
si por unos versos
te enamoraste de mí.
Eso lo escribe cualquiera
es cuestión
de tiempo y de suerte
y al que no lo sepa
así se lo digo,
que el poeta
conoció el amor
y por eso escribe,
para no estar solo,
pero a veces cae su obra
en malas manos,
en gente herida
a las que enamora,
por no tener
alguien bueno a su lado.
Esto lo sabe el sabio
y lo sabrá también
ahora el necio,
que el arte se paga con la vida
y que perduran
sólo los buenos de corazón.
Si alguna vez soñaste
con escribir,
date tiempo.
¡Tiempo! El suficiente.

Jaime Garzón Rivero