Triste y solo
Estaba solo y a la intemperie,
creyó en la venganza y el odio,
se perdió por un suburbio
y apareció en un parque.
Rezó un poco ante tanta tristeza,
cerró los ojos
y se tranquilizó ante la negrura,
sólo el sabía el final
encomendándose al Cielo.
«Yo por ser quien soy
no merezco vivir»
y saltó a la vía
cuando pasaba un tren.
Aquel hombre murió
muy solo y triste.
Algo brilló en el Cielo.
Era el hijo de alguien,
el amigo de alguien
y se quitó la vida.
Quizá con un poco de ayuda
hubiera conseguido salir adelante
pero no fue su caso,
no tuvo esa suerte.
A estas horas muchos le lloran.
Casualidades y momentos
lo llevaron hasta allí.
La mente es un gran laberinto.
Sea este chico
Ángel del Cielo…
Jaime Garzón Rivero