La Escort
¿A cuántas camas
caben tus besos?
Ayer te olvidaste el suéter
en mi habitación.
El perfume era
«Agua de Rosas».
Luego salí y a la tarde
te vi bajar de un coche.
Ibas con un hombre.
Ese es tu oficio,
escort.
Y conoces a muchos
y eres muy guapa.
A mí me lo haces sin pagar,
será porque te quiero.
«Yo no soy de nadie»
me dijiste.
Yo tampoco a estas alturas.
De tí un poco.
Y toco tu piel
y me tocas,
nos deleitamos,
y eres la elegante
maquillada.
A veces me dejaste
verte al natural
y eres preciosa.
Nos tocó ser
de los corazones rotos.
Esta soledad
que se podría llamar amor…
Jaime Garzón Rivero