Hablando de la Eternidad. Inquietudes personales
Una vez en la existencia y comprobado, los pros y pormenores, y mientras tanto, con las particularidades y circunstancias, de las personas o persona, de la sociedad o fuera de esta, tomando consciencia de ello, y para ir salvaguardando, lo que se cree, nos dificulta, a la hora de convivir y compartir la Eternidad, para estar, en la medida de lo posible, en armonía, y arreglar lo que de algún modo, nos imposibilita conseguirlo, personal o materialmente, y mirando no solo al futuro ni al presente, en el lugar que se ha vivido, o por los que nos quedan por vivir, sintiéndose perteneciente o no, a la tendencia social del momento, interesada o desinteresadamente, y puesto que estamos en la existencia y podemos, cambiar las cosas, aunque sea en nuestra mentalidad, para sentirnos mejor con nosotros mismos, y afrontar mientras tanto, los pormenores, y sintiendo que nos es esto útil, para nuestro desarrollo, e ir aportando, nuestro punto de vista, acorde a los tiempos, fuera del “yo primero”, en el sentido, de que para la consecución, e integración, de todas las vidas, en el objetivo de la convivencia, de la competición por los recursos, por los grupos del momento, y evitando si se puede, humilde y modestamente, desde nuestra existencia, el abrupto y trauma en el medio, para ir sumando fuerzas, salvaguardando valores, poniendo en común, lo que nos hace ser felices, dada nuestra experiencia, poniéndonos en el lugar en otros tiempos de la historia, con otras circunstancias, y dándonos cuenta de lo que nos queda, de lo que nos cuesta, de la gente de la que nos hemos rodeado, de cómo hemos estado nosotros entre ellos, de lo que hemos aprendido, de cómo hemos tenido que sobrevivir, y haciendo recapitulación, en el momento presente, de que estamos en la Eternidad, conviviendo, compartiéndola, sin creer que somos más que los demás, aunque estemos menos preparados, aunque hayamos aportado más últimamente, aunque nos sintamos en deuda en muchos sentidos, sin encontrar la forma adecuada para materializarlo, solos o por nosotros mismos, y en conciencia, aunque no lo consigamos nosotros, y sea para mejorarnos, al menos en Justicia, y comprender con ello, que estando en este momento, con tales o cuales circunstancias, viendo la prosperidad o felicidad ajena, o la nuestra, y haciendo balance de todo ello, poniéndonos un objetivo común, que es el propio nuestro, si nos hemos dado cuenta, de que todos contamos, y que la Eternidad no se consigue de ninguna otra manera, quedemos o faltemos, con todos sus fallos por resolver, en el punto, siempre de partida, hasta la consecución de la Justicia y la Eternidad, que es la Balanza y Armonía, de las personas en la Naturaleza, en la Sociedad, en el Tiempo, y en el lugar en que nos hemos visto involucrados en ello, con todas nuestras faltas y las del medio, en constante cambio y mejora, esperemos, nosotros y los demás, que ya deberíamos de saber qué es lo apropiado y lo bueno en la vida, porque debe de ser lo que siempre ha funcionado para que sigamos estando aquí, aunque hayamos pasado por muchas dificultades y retos, habiéndolos asimilado y sopesado, y que las personas que tenemos en frente, aunque partieran de otros lugares y caminos, y aunque nos cueste siempre, dar nuestro brazo a torcer en muchos sentidos, siendo amplio el territorio, y estando mejor, a sabiendas, donde estamos mejor, en el supuesto caso, de que lo material importe poco ahora, con suficiente tiempo y poca necesidad, para meditar, y extrapolando lo superfluo, que nos lleva muchas veces, en momentos vividos o anteriores a nuestra existencia, con similares circunstancias, y habiendo podido o no, resolver el dilema en ese momento, con todo lo que sabemos, y pruebas de ello, tenemos, que siempre es un buen momento para “Hacer”, para mejorar, para pensar en un Futuro mejor, para que nuestro esfuerzo sea, el estar mejor con nosotros mismos, que es estar también mejor con los demás, en el radio y ámbito de todos los seres, conocida la Armonía, aunque sea por un breve momento en nuestra existencia, y sabiendo que no lo cambiaríamos todo de nosotros mismos, por caer de nuevo en los mismos errores, por ayudar a quien no debemos, por deshonrar a los que más nos han querido, y más han hecho por nosotros, sin querer esconder nuestra cara, cuando la legalidad va en contra, cuando todo es tan real, que se entiende por todos, y que por dejar de ganar algo, que no es más que un segundo perdido en el tiempo, sin provecho ni beneficio, y que nos carga y nos lastra para siempre, si no fue justo, desde nuestro punto de vista, para no hacer y deshacer más, los valores importantes que nos impiden realizarnos, ser reales y fieles, dignos y merecedores, de una Ley, fuera de los Tiempos, de las Conveniencias, de los Intereses, de las Licencias Inmorales, y la consagración por ello, que puede en ese momento, llevarnos a ponernos en contra, hasta de nuestra más profunda voluntad, olvidándonos por no pensar bien lo que se está haciendo, y a sabiendas después, de que no es escusa, dado que las personas son personas, se quiera o no, y aunque una injusticia sea llevada a cabo, por un gran número de individuos, en un momento preciso o acotado, de la historia común o humanidad, y volviendo al punto, de que es mejor perder un poco en lo material, sin que sea caso en esas circunstancias, la Urgencia y la pérdida irreparable, de la moral y la dignidad, para ser merecedores, y entendamos, de que siempre estamos aquí, de que estamos mejor con los demás, si estamos mejor con nosotros mismos, y de que queramos o no queramos, cuando se llega a la Armonía, y se siente, es por algo. Lo que en esos momentos sabemos que nos ha llevado a ella, y lo que sabemos, aunque sea por otros medios, de cómo mantenerla, fuera de la cotidianiedad, y en el estado de excepción, si es el caso, de poder arreglar las cosas, aunque sea significativamente, acordándonos de que no hay necesidad material, y solo afrontar nuestras debilidades y vergüenzas, que como personas e individuos, son las mismas o parecidas, en el momento de ahora, para que no sirvan de escusas, y poder salir a la Decencia, en vez de escondernos y camuflarnos, en una insignia o una pertenencia, a un estado no muy ortodoxo, y que pudiéndonos salir de ese ámbito, puesta la Ley común en ese camino, no queriendo estropear el camino a los demás ni a nosotros mismos, sin querer perder a nadie en el camino, porque nos duela siempre, porque nos sintamos menos dignos, porque sabiendo de otras veces, no nos servirán las escusas, y que un largo silencio, no cura la herida, si no se subsana, para que los demás no la sufran, para que se sepa, que puede pasar de nuevo, y que la indiferencia, por no corregir lo que se pudo y no se quiso, no para sentirse mejor con uno mismo, sino para aprovecharse en caso de necesidad, de las circunstancias, y volver a intentar después, olvidar y comenzar de nuevo, la misma empresa, pero con el lastre de nuestra falta, y con mayor experiencia, frustrada una y otra vez, esa voluntad, habiendo sido protagonista o antagonista, de la armonía que se compartió, del momento histórico para el acuerdo de las personas, en el lugar donde se sientan mejor, rodeados de aquellos que están en ese momento con nosotros, y para no frustrarnos más, estemos de un lado o de otro, en esa casualidad, de ese momento, que unos esperaban más, y otros menos, llegados o no, al menos en méritos a la meta, pero sí en los valores, y en esa voluntad, que por motivos personales, los tenemos más a demostrar que otros, y que hay que recordar siempre que son los mismos, sin decimales ni desviaciones, y dando vueltas siempre a las mismas cosas, en nuestra bitácora personal, de la sociedad, y naturaleza del Ser Humano, que si somos igual que ellos, y sentimos lo mismo, cuando intentan sin razón aprovecharse de nosotros, lo único que conseguimos es estar más divididos y encontrados. Decían por ahí, que una vez puestos aparte los intereses y absurdos de un momento concreto, nos deben de quedar los mismos valores. Desde mi punto de vista, y por voluntad propia, prefiero aprender lo correcto, y a sabiendas evitar lo contrario. Dicho esto y obviando la dualidad cuerpo-alma, y otras formas de escurrir el bulto, si tuviera que votar en democracia, con los mismos derechos y deberes, siendo ciudadano y digna persona de ese nombre, y sabiendo que se puede cada vez más conseguirlo, aunque vengamos de muchos caminos distintos, y que cada vez somos más en contacto, para que fragüe mejor lo correcto, y aunque se desvíe de nuevo el equilibrio, pudiendo o no después, ayudar mejor los desperfectos, y en conciencia colectiva, por si nos hace falta, a la hora de ajustar las cuentas con alguien, votaría a que sí quiero Justicia y Armonía, que de mi experiencia se demuestra que sin ellas la libertad es coartada e interesada, y que si siempre quise eso, aun sin saberlo, aún estando consciente o inconscientemente, en el momento de dar la cara, en mejor o peor circunstancia, y que se sabe que hay veces que se daría todo por deshacer lo hecho, por no tener nada, por empezar de nuevo, y llegar a ese día en que todos, aún nos pese, seamos iguales, y partiendo de ese punto, saber que podemos dar más de nosotros mismos, con más altura de miras, sin estar tan coartados, y darnos un merecimiento de vez en cuando, como lo hacemos habitualmente, queriéndonos un poco, aunque estemos solos ahora, valorándonos, poniéndonos en el lugar de los otros, poder sonreír a la otra persona educadamente, y sin dejar de hacer para nosotros y los demás, una sociedad mejor cada día, y evitar que un accidente o exabrupto grave, nos lleve de nuevo a perder lo que tanto, si se diera el caso de conseguirlo, nos ha costado lograr. ¿No es verdad, amigos? Esa debe de ser la Eternidad. Muchas gracias a todos. Felíz día.
Don Jaime Garzón Rivero